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La Coctelera

Ideas desde Santa Fe, Argentina

Producciones desde el sur

1 Marzo 2006

Réquiem para un puente caido

Réquiem para un puente caido
Autora: Patricia Ingüi
F.A.D.U. – F.H.U.C.
U.N.L.

A manera de introducción: “La postal de la ciudad”

El presente trabajo marca un lugar de intersección o encuentro entre dos realidades una eminentemente física y la otra ligada a las representaciones sociales, estas nos remiten a las ideas, las emociones y también los comportamientos y las actitudes que tienen una implicancia social.

Todos los elementos reunidos en el párrafo anterior conforman un mundo complejo en el que habita el paisaje. En el caso específico de esta investigación se trata del paisaje costero, acotado para esta ocasión a un puente. El puente colgante de la ciudad de Santa Fe, el mismo que con el devenir de los años, se ha afirmado como “postal de la ciudad”.

¿Cuáles son los procesos que han intervenido en la construcción de esta postal? Al intentar responder esta pregunta se trae a los conceptos de representaciones e imaginarios sociales , principalmente enmarcados en la teoría de la cognición social, aunque también se incluye a la semiótica al recalar en la categoría de discurso social, a la que se reconoce como una herramienta conceptual útil para el análisis de los datos. Se entiende por discurso social “...todo lo que se dice y se escribe en un estado de sociedad: todo lo que se imprime, todo lo que se dice públicamente o se representa actualmente en los media electrónicos. Todo lo que se narra y argumenta... Sobre todo, es conveniente llamar `discurso social ´ ... a los sistemas genéricos, los repertorios tópicos, las reglas de diseminación de enunciados que, en una sociedad dada, organizan lo decible –lo narrable y lo opinable- y aseguran la división del trabajo discursivo”

Tanto la conceptualización de las representaciones sociales, los imaginarios sociales como del discurso social permiten hacer una lectura de aquellas operaciones que transforman las cosas o las ideas en íconos, es decir en imágenes que condensan sentidos, cuyo origen y difusión responde principalmente a procesos sociales.

El puente colgante como objeto de investigación:

El proyecto en el que se enmarca este trabajo nace en la Facultad de Arquitectura y urbanismo de la U.N.L. y pretende el estudio de la construcción del paisaje costero de una ciudad -Santa Fe- indagando desde una perspectiva histórica en las transformaciones materiales del mismo como así también en el conjunto de relaciones técnicas y culturales que dichas transformaciones contienen. Desde este objetivo se recorta un objeto: el puente colgante, inaugurado en el año 1928, destruido por una creciente en el año 1983 y reconstruido en el año 1998.

Este puente, para quienes no conocen la ciudad de Santa Fe, une dos márgenes de la laguna Setúbal, importante espejo de agua, que prácticamente delimita la ciudad por su lado este.

Como recientemente se mencionó el puente se inauguró en 1928, aparentemente sin penas ni gloria, en ese entonces solo fue puesto en funcionamiento con un fin práctico soportar el paso de un acueducto, que transportaba agua desde un río cercano a la ciudad. Además permitía el paso entre esta y otras localidades costeras.

La zona donde se erigió el puente comenzó a cobrar vida a partir de principios del Siglo XX, con la creación de Boulevares y jardines al mejor estilo europeo. Al mismo tiempo que en toda la ciudad se mostraban signos de un interés por su modernización, se construían paseos públicos siguiendo un principio higienista. De hecho el puente es la culminación de un importante Boulevard que con su recorrido atraviesa una amplia zona urbana. Así, el puente fue enclavado junto al Parque Oroño, este último fundado en el año 1905, ya cuando el primero se inauguró era el “paseo habitual” de los santafesinos. Por lo que la nueva estructura venía a complementar la idea del parque fluvial como lugar que reúne y da forma a un complejo de cuestiones atadas a la relación curso de agua-naturaleza-intervención humana, que no sólo desempeñó un papel urbano ordenador, organizando estos espacios, por ejemplo en función de regular el uso del tiempo libre de los habitantes, sino que también adquirió un carácter simbólico marcando la imagen representativa de muchas de las ciudades.

Entonces, la estructura de hierro que en un primer momento no despertó demasiado entusiasmo en la población , con el tiempo se fue convirtiendo en ícono de la identidad regional.

La búsqueda de información en la crónica de la prensa:

Una de las tareas que se está realizando dentro de este proyecto de investigación, es un relevamiento de estos hechos en la crónica de la prensa, ya que se considera a la misma como un lugar de inscripción sobre las formas en que son percibidos los espacios y construcciones costeras. La significación social de estos últimos se puede leer a partir de las preocupaciones y las expectativas que quedan asentadas en las notas periodísticas, las de opinión y las cartas de lectores.

Cabe aclarar sobre la fuente que se utiliza, que se trata de el diario “El litoral”, el que se considera un medio con presencia muy fuerte en la ciudad, dado que es su único periódico, salvo alguna excepción marginal, el mismo tiene mucha ascendencia, y sus dueños son también propietarios de otros medios con mucho alcance en la población: radio y televisión por cable. Esto hace que su información sea muy valorada socialmente y un continuo punto de referencia.

La búsqueda de información se centra especialmente en dos momentos: un primer momento que es cuando el puente se cayó como resultado de una importante inundación que sufre la ciudad y que afecta fundamentalmente a la zona de la costa , y un segundo momento que es cuando se discute la reconstrucción del puente, la que finalmente se lleva a cabo. Ambos acontecimientos se consideran puntos nodales para capturar la significación social que ha ido ganando el puente con el transcurso del tiempo.

En los dos momentos se observa una marcada ebullición en el discurso social, en el que se descubren tensiones, contraversiones, encuentros o desencuentros entre los distintos puntos de vista, todo esto movilizado por los avatares que sufrió el puente, aquí ya convertido en ícono social.

Una contribución de la Psicología de la Cognición Social: La morfogénesis de las representaciones sociales:
¿Qué procesos u operaciones participan en la constitución de los íconos sociales? La Psicología de la cognición social abre un camino para responder a esta pregunta. Esta teoría estudia las representaciones sociales, como ideas o imágenes socialmente construidas. Dentro de la génesis de las representaciones sociales se distinguen dos momentos: el primero es el de la objetivación, en el que se incluye la transformación icónica, existe una expresión que describe lo que aquí sucede y es que “lo invisible se torna perceptible”. El otro momento es el del anclaje, y tiene que ver con que “lo extraño se vuelve familiar”.

Al retomarse la idea de que “Lo invisible se torna perceptible” para pensar el actual objeto de análisis se recorta el hecho de que el puente, invento de un ingeniero francés, implantado en esta ciudad sin ni siquiera un acto de inauguración se volvió “la postal del lugar”. ¿Cuáles son las cuestiones invisibles que se proyectan en la imagen del puente? Una respuesta a esta pregunta podría ser: La tendencia del pensamiento de la época a extender los ideales de progreso y civilización, los cuales son productos de importación de Europa al igual que el puente. Entretejidos con estos ideales se aglutinan los intereses económicos y políticos. Lo que dispara nuevos interrogantes como: ¿Quiénes planificaban el orden que debía seguir el crecimiento urbano? ¿Cuáles eran los criterios que se tenían en cuenta?

Otra forma de abordar cómo lo invisible se hace visible es con la pregunta ¿Cómo se evidencia esta transformación icónica a través del discurso social? Como ya quedó expresado se intentará utilizar lo publicado en el diario vespertino local como fuente para ahondar en una respuesta a esta pregunta.

“Lo invisible se torna perceptible”

Ya a principios de los ´80 se había suscitado la idea de que había que defender al puente de los deterioros que venía sufriendo por la falta de mantenimiento. En 1981, un lector del diario preocupado por la conservación del patrimonio histórico expresaba en una carta lo siguiente refiriéndose al puente: “Representa toda una época de la tecnología de los comienzos del siglo 20, nos simboliza a los ojos del mundo, es un monumento que ha conquistado para siempre un lugar en el alma de Santa Fe”. De estas palabras se desprende una lectura: se puede decir que el puente como ícono ya había alcanzado cierta autonomía, lo que implica que su presencia y significación se habían naturalizado.

Siguiendo con un análisis de las notas del mismo diario se pueden observar otros aspectos de la transformación icónica, como ser el despliegue de un procedimiento que se podría denominar antropomorfismo, este se verifica cuando el esqueleto de hierro es revestido de características humanas, para ofrecer un ejemplo se puede re-tomar la carta anterior, para ahora considerar su título: “Réquiem para el puente colgante”, y otra expresión de su autor “los puentes suelen tener alma”, junto con la idea de que al puente no se le hace mantenimiento porque “no se puede vender”, solicitando ante esta realidad a los responsables “al menos pintarlo al igual que se blanquean las tumbas”.

Cabe aclarar que en la época en que el puente definitivamente se cae, ya hacía un tiempo era considerado la joya de la abuela, dado que de la mano de las nuevas tecnologías había llegado en el año 1971 la construcción de “un nuevo puente carretero”, también en relación a este hecho se encuentran reflejos del antropomorfismo. Al respecto se halló un artículo del diario titulado “Las otras muertes” en el que se mencionaba los cuatro desplomes anteriores que había sufrido el puente, y específicamente se hablaba del año 1971 como el de “su jubilación”. Ante la flamante presencia de su reemplazante el autor se cuestionaba “¿se podrá, y sobre todo valdrá la pena intentar restaurar el colgante?” dejando expuesta una clara ecuación en la que se ligaba el valor de las cosas a su utilidad. Por el contrario, más adelante citaremos un artículo del mismo diario en el que se cuestiona esta postura, quebrando esta relación entre valor y utilidad económica, lo que se verá es que “ la utilidad” del puente pasa por la de ser un bien cultural.

A las citas anteriores se puede agregar otra que pertenece al momento mismo de la caída del puente, y es el fragmento de una nota publicada en el mismo diario que reza así: “miles de ojos absortos e incrédulos ante el gigante herido de muerte”

Con los ejemplos ofrecidos hasta acá se puede decir que con el antropomorfismo se ha dotado de vida o también de su pérdida a la estructura, haciendo así palpable –comprensible- a escala social las significaciones que se le atribuían. La maraña de cables de acero enorgullecía, sufría, expiraba, descansaba en paz, etc.

Piezas de un rompecabezas: De la parte al todo y viceversa.

Si se hace un alto en el año 1983, este momento es interesante para pensar también que el “puente entero” dejó su posición de símbolo y que en su lugar se desplazó la imagen del “puente roto” como manifestación de la dejadez, de la decadencia a la que también se asimilaba la ciudad, en este sentido se puede decir que la parte -el puente- acompaña o se “acompasa” como muestra de lo que es el todo –la ciudad-. Esta relación parte-todo es fundamental para describir la función que le cabe al ícono, como síntesis.

La operación anterior también se pone de manifiesto en el año 1985, cuando se decide la remoción de los escombros del puente del lecho de la laguna. Ya habían transcurrido dos años desde su caída, por poco el mismo tiempo que llevaba en ejercicio el primer gobierno democrático luego de la dictadura militar. El clima social se describía como de gran optimismo, ilusión, se hablaba de “luz de esperanza” tanto para retratar las expectativas por las tareas con el puente como por el afianzamiento de la estrenada democracia. Se conversaba mucho acerca de rescatar, reflotar lo perdido, paralelamente se llevaba adelante el juicio a las juntas militares. Sin embargo, enseguida el optimismo empezó a disolverse. Junto con las primeras desilusiones con respecto a la gestión del gobierno provincial se comenzaron a enturbiar los procedimientos de rescate del puente, y lo que culminó en el robo de los restos.

En el medio de este torbellino de hechos, el entonces intendente de la ciudad de Santa Fe, había pedido los remanentes del puente para hacer contenedores, y el gobernador había aprobado ese pedido, en tanto desde las páginas del diario alguien exclamaba: “solo tristeza provoca semejante despropósito, falta de consideración y respeto hacia el patrimonio de la ciudad que a esta altura lo ha perdido casi todo. Es como quitarle a un viejo cuadro de familia, el contenido amarillento de una foto querida y aprovechar el marco para reparar el respaldo de una silla”

Luego del derrumbe del puente se había conformado una comisión multisectorial para su reconstrucción que se llamó “Por amor a la ciudad”, no solamente se hicieron caso omiso a sus recomendaciones, sino que además en una nota publicada en el diario se denunciaba que el “trozado de la estructura... cercena toda perspectiva de reconstrucción poniendo al desnudo la naturaleza de la decisión oficial, oculta, hasta ahora, tras ambiguas informaciones... inercia de unos, indolencia de otros por la estructura que tiene que ver con el “alma de la ciudad”... Y el alma no puede sustraerse sin perder la identidad y el sentido íntegro de la vida que, por cierto, no se agota en enfoques prácticos. Precisamente, el mal de esta ciudad está en su “alma”. Por allí habría que buscar su falta de fuerza, su ausencia de ganas, su persistente desidia y su insoslayable degradación”. Con respecto a lo que ya se señaló sobre la relación parte-todo, ahora se puede volver a esta idea para decir que todo lo sucedido con el puente eran piezas que encajaban en el armado de un rompecabezas mucho más amplio.

“Lo extraño se vuelve familiar”

Para hacer un avance con la inclusión de otras categorías conceptuales se puede relacionar la operación visualizada en los antropomorfismos, con el estudio del anclaje, proceso por el cual “lo extraño se vuelve familiar”. Desde aquí se puede aseverar que las cosas, los hechos o acontecimientos se involucran con sentimientos, emociones, conocimientos, actitudes, comportamientos socialmente compartidos, todo ello se genera al vincularse la novedad con el bagaje anterior. ¿Cómo se aplica esto al caso en el que se está trabajando? Se puede ejemplificar con las siguientes citas de noticias, destinadas a difundir el derrumbe del puente: “ toda esa gente que guardaba un respetuoso silencio... estaba rindiendo su emocionado adiós... todos llegamos a sentir en la comisura de los labios el amargo sabor de las lágrimas” “despedida que quiere ser hasta luego” “...gran parte de las queridas estructuras claudicó...”. Lo que se ve en ellas es su apelación al aspecto emocional.

Mientras que, las expresiones siguientes describen más acabadamente las reacciones ante este hecho: “congoja de los santafesinos, asombro de quienes lo admiraron como turistas, curiosidad de todos aquellos que identificaban a nuestra ciudad con sus formas”.

Este compuesto de reacciones y emociones puede ser re-ubicado en otras citas: un lector escribió una nota que tituló “El puente muerto” donde expresaba: “ Habrá que agacharse, meter las manos en el agua, sacar los restos del puente, y sin llorar demasiado, empezar a armarlo de nuevo. Si nadie en el país nos ayuda no importa , lo armaremos solos al final es parte de nuestra identidad que tanto buscamos y ahora no debemos dejar hundido en algunos metros de agua turbia. Lo exige nuestra propia dignidad, que pasa por el amor al terruño y por el rescate de los símbolos que nos son más caros y representativos”. Así, de lo que daba cuenta esta representación social era que aunque el puente había perdido utilidad y valor económico, se lo valoraba desde lo que significaba – la identidad regional- en tanto esto se consideraba un bien escaso.

Otro ejemplo es el del lector que escribió: “ ¡El puente colgante caido! Pero el día llegó en que nos encontramos, mi mujer y yo, ante el puente tronchado acongojados, pudimos comprobar que era cierto: el símbolo de nuestra ciudad, y de nuestra infancia y juventud había sido destrozado por el poder de la naturaleza” En esta cita se puede observar con más claridad cómo el símbolo como construcción social hace anclaje en la constitución de los sujetos, en este caso a través de los recuerdos.

El puente se reflota... las ideas también...

Por otro lado, una vía interesante de reflexión se abre al recabar las representaciones sociales sobre las causas que provocaron la caída del puente en 1983, aparte de los motivos más directos relacionados a lo natural (inundación), surge otro con la misma o mayor intensidad: el que pregona que el culpable es el gobierno con su política de abandono de lo público, al no atender el mantenimiento de las estructuras y por lo tanto las causas previsibles del derrumbe. Paradójicamente estas ideas vuelven, con un efecto de repetición cuando se relevan las representaciones sociales sobre las causas de la inundación ocurrida en la ciudad de Santa Fe entre abril y mayo de 2003, con el desborde del Río Salado , una investigación realizada al respecto apunta a la desidia de los gobernantes como la causa señalada de manera más contundente por la opinión social. Otra coincidencia que también se encuentra en el análisis de las representaciones sobre las causas de ambos hechos es la acusación hacia las agresiones que el hombre con sus “avances tecnológicos” le provoca a la naturaleza. Lo que permite marcar las repeticiones y regresiones que habitan el discurso social, y por lo tanto, en relación a esta investigación captar los sentidos que los sujetos construyen sobre los espacios que habitan, y la manera cómo surgen.

¿Por qué reconstruir el puente colgante?

Haciendo un avance, se puede conjeturar sobre algunas de las razones que impulsaron la reconstrucción del puente promediando los ’90. La consideración de la recreación como rentable en tanto efecto de la economía cultural, renueva el interés que se le otorga a ciertos objetos culturales. La cuestión pendiente sería la de bucear sobre si esto se hizo eco en la opinión pública, o más bien apareció como lo encubierto o disimulado bajo la apelación a valorar aquellos objetos que fortalecen una “identidad regional”, lo que permite dar una vuelta de tuerca a razonamientos reconocidos en párrafos anteriores. En todo caso, también se puede reflexionar sobre ¿de qué identidad se trata?.

Hay quienes dicen que para comprender los hechos con sus más profundas dimensiones, se debe tomar una distancia prudente, tal vez desde el momento de la reconstrucción del puente colgante hasta ahora esa distancia no sea la suficiente, de todas maneras una tarea pendiente dentro del proyecto es intentar poner a trabajar nuevamente las categorías anteriores pero esta vez para analizar esta otra circunstancia que también tiene al puente como protagonista.

Además se parte de la suposición que en esta ocasión se podrá ver con mayor lucidez los quiebres y dobleces del discurso social en función de un objeto en particular: el puente y la puja por su reconstrucción o no. Es decir, las variaciones de este objeto en el tiempo de la Historia. Lo cual pone en el tapete todo un juego en la red de significaciones sociales que circulan sobre el puente. Esto involucra la imagen de ciudad que se quiere o se pretende desde los distintos grupos sociales y sus intereses.

¿Por qué y para qué reconstruir el puente?

Los momentos de debate que tienen como epicentro un objeto social, en este caso el puente colgante, señalado a su vez como ícono y concentrado de representaciones sociales, son momentos interesantes para analizar estos procesos sociales, en tanto instancia de cristalización, aunque siempre efímera, de esta forma de pensamiento colectivo. Es aquí donde se puede verificar el “consenso funcional” del cual surgen las representaciones sociales. Dicho consenso supone la puja de opiniones, el mismo emerge entremedio de la lucha de las ideas, denominadas por la Psicología Social como representaciones sociales.

La categoría de consenso funcional es una aporte interesante de esta Psicología, dado que, permite al concepto de representaciones sociales superar el sello con el que habían nacido que indicaba la homogeneidad del pensamiento de sentido común, esto a partir de la teorización de Durkheim sobre las representaciones colectivas de las comunidades primitivas. El consenso funcional, justamente, es más adecuado para reflejar la diversidad de la cultura de las comunidades modernas a diferencia de las comunidades primitivas en las que sí la uniformidad era posible.

Elejabarrieta, en su artículo del Manual de Psicología Social de Moscovici, un clásico en la materia, define así lo que es el consenso funcional: “Si hablamos aquí de consenso no nos estamos refiriendo a un consenso numérico, es decir, no esperamos que el 100 por 100 o el 95 por 100 o el 80 por 100 de los miembros de un grupo comparta una representación social. Nos estamos refiriendo a un `consenso funcional´. El consenso funcional es necesario para mantener la vida del grupo en una dirección organizada, estandarizando la identidad social y las interacciones de una mayoría cualificada de los miembros del grupo. Si el sistema de representaciones sociales en un grupo reflexivo se encuentra en la base de la interacción coordinada de sus miembros con respecto a objetos sociales, la `holgazanería social´ de algún compañero de viaje ignorante no interrumpirá la práctica cotidiana del grupo. Por lo tanto, más que un consenso numérico, se requiere un consenso funcional suficientemente preparado para preservar el proceso colectivo de mantenimiento de una representación.”

Dando una continuidad con el trabajo que se viene haciendo con nuestra fuente, el archivo del diario “El Litoral”, cabe preguntarnos, ¿cómo aparece en las noticias publicadas en este diario la puja entre las diferentes opiniones acerca de la reconstrucción del Puente Colgante?. ¿Cuáles son las identidades colectivas que emergen y convergen, a partir de estos antagonismos?

El pensamiento que guía esta búsqueda y nuestro análisis, es que lo que expone el diario, a pesar de sus propias tamizaciones sobre lo que se publica, son las diferentes voces que reivindican el lugar del puente como objeto colectivo, esto es como objeto de representaciones sociales.

Para realizar este trabajo se revisaron las publicaciones entre los años 1993 y 1998, de estos años se analizaron las noticias que aparecían, en los registros del diario, como más relevantes acerca del tema de la reconstrucción tanto del puente, como de la Avenida Costanera y el Proyecto faro, ya que los tres proyectos están íntimamente ligados.

El bloque que conforman las reconstrucciones de la costanera y el puente, está unificada desde la financiación de los proyectos para ambas rehabilitaciones, de todas maneras desde la categoría de espacios de uso se pueden establecer algunas diferencias entre ambos.

Podemos decir que la Avenida Costanera está legitimada como espacio de uso, más que como espacio simbólico, constituye casi monolíticamente el lugar de esparcimiento y encuentro de los santafesinos, como sede de recreación los fines de semana, de recitales, ferias y exposiciones. El puente colgante reconstruido vendría a completar el marco general junto con la Costanera este, oeste y el faro. Por otro lado la Avenida Costanera es una de las vías principales para conectar el norte de la ciudad con el sur y el centro.

El caso opuesto es el del Puente Colgante, veremos que por más esfuerzos que se centren en justificarlo como estructura de uso concreto dentro de la ciudad, esto último para conseguir el apoyo monetario para la obra, el fuerte peso de su valor simbólico supera ampliamente al argumento en favor de su utilidad.

Aunque, si bien desde el momento de la caída del puente la opinión de la ciudadanía que se refería al hecho, por ejemplo, a través de cartas de lectores apelaba a la apreciación del puente como bien cultural que representaba la identidad santafesina, el proyecto que definitivamente encaró la reconstrucción del puente, utilizó esta razón de manera secundaria para justificar la obra, ya que, al obtener el dinero para ello a través de un crédito del banco mundial es claro el hincapié que se hizo en su trascendencia económica, así queda expresado en las palabras del Ingeniero Vega , artífice local de la reconstrucción del Puente: “Para lograr el crédito había que demostrar que el puente no era sólo un símbolo sino que también tendría una utilidad concreta. El símbolo es importante pero si es sólo eso puede ser discutido. Ahora, si el símbolo está cargado de utilidad...”(nota publicada el 23/02/98 bajo el título: “Un gigante que resurge. Made en Argentina”)

En las mismas palabras anteriormente citadas encontramos plasmadas en parte las ideas que participaban de la discusión, que se resumen a través de los siguientes interrogantes: ¿el ser un símbolo de la identidad regional hacía al puente merecedor del gasto que implicaba su reconstrucción? ¿cuáles eran los argumentos más valiosos para hacer al puente meritorio de esta atención?¿cuáles eran las razones que revestían de utilidad a este puente?

Las palabras del buzo, Norberto Page , quien participó en las tareas de reconstrucción del puente parece esbozar respuestas para las preguntas recientemente planteadas: “Los que trabajamos en este tipo de cosas, somos como mercenarios, vamos a dónde nos paguen... no nos importa mucho más. Aquí pasó algo extraordinario. El cariño de la gente de Santa Fe por el puente se nos fue transmitiendo a todos, digo a todos los que trabajamos, no sólo mi equipo. Hubo gente que nos felicitaba, nos preguntaban fechas, personas que pasaban horas mirando... Realmente, fue una obra con hinchada, y eso pesó mucho, se nos transmitió una presión muy fuerte, jamás lo viví con esta intensidad tan particular’’.
‘‘Para nosotros al principio era sólo un puente, uno más, con sus complicaciones extra... Después nos contagiamos. Los santafesinos que trabajaron con nosotros (18 personas) lo vivieron como algo histórico que enriquecía sus vidas. Y eso hace que todos pongan algo más que lo que normalmente ocurre’’.
En el medio de esta disyuntiva entre la utilidad del puente y su valor simbólico, las páginas del diario también alcanzan a reflejar, algunos agregados o matices, a esta primera discusión que aparece cómo la más fuerte. Así es como, el hecho de que el puente colgante fuera un símbolo para la identidad santafesina suscitó opiniones, especialmente desde sectores de la población rosarina, que ponían en duda sobre su valor para la Provincia, esta posición se hacía eco del habitual enfrentamiento que se adjudica entre la población rosarina y la santafesina. Lo que transforma a la decisión de la reconstrucción del puente en todo un caldo de cultivo para el florecimiento de representaciones sociales que expusieran las diferencias entre el pertenecer a una u otra de las dos ciudades principales de la Provincia de Santa Fe.

Esta última lectura, nos remite a un esquema ya utilizado para referirnos al ícono, es decir, confirma al puente como parte representativa del todo, la ciudad de Santa Fe, y al mismo tiempo ubica a la ciudad como fuente aglutinadora de identidad frente a lo otro, lo que no es santafesino. Es decir la postal, el puente colgante, se vuelve el rostro visible de los sentimientos, emociones e ideas ligadas al pertenecer o no pertenecer, en este caso a un lugar, lo que vincula al origen, las raíces, el dar cuenta “de dónde es uno”.

Al mismo tiempo, también entraron en el paño las discusiones entre los representantes de los distintos partidos políticos, donde unos acusaban a otros de los intereses en función de rédito político, que estaban en juego para promover o no la reconstrucción.

Dentro de los que llevaban la discusión a un ámbito político, además aparecían en las noticias, aquellos que reclamaban un debate profundo que diera lugar a un proyecto integral previo de obras y prioridades. Dejando al descubierto que, para que discusiones como las anteriores tuvieran alguna cabida y trascendencia, este proyecto no existía. Y de esta manera se separaban de la disputa por el poder entre radicales y peronistas, en tanto partidos políticos con predominancia en el gobierno provincial y nacional.

Con el puente se reflotaron algunas cosas, así resurgió el tema de las causas de su caída, sumándose ahora el de la demora por la reconstrucción, lo que hizo aflorar nuevamente el tema de la apatía, es decir de la falta de decisión política para evitar o actuar frente a las catástrofes, recurrente en relación también a la pérdida de la actividad del puerto y de las empresas que elegían radicarse en otras ciudades o provincias, tanto como, la falta de un reclamo contundente de la ciudadanía para que estas cosas no ocurran o queden en el olvido.

Aquellos que se animan a salir de la chatura para demandar, se presentan como otro tipo de pensamiento colectivo, el que denuncia, por un lado, una falta a partir del recuerdo de lo que una vez se tuvo, esto es un Estado que se hacía cargo de lo público, y a su vez la incertidumbre general que provoca el desentendimiento de las responsabilidades sobre lo común. En su origen, el puente se instala en la ciudad para fortalecer las aspiraciones hacia los ideales de modernidad de una clase gobernante. En la medida que estos ideales se disuelven en el tiempo, se verifica el desinterés por aquello con lo que la población de la ciudad ya ha construido otros lazos y, es en función de ello que reclama.

¿Por qué se toma la decisión de su reconstrucción? ¿Por qué en este momento?. Todas las discusiones que se vienen exponiendo justifican sostener a estas preguntas con el tono de la sospecha.

No es nuestro interés agotar estos interrogantes en una sola respuesta, sí en todo caso indicar lo que surge escuchando la variedad de voces, aparecidas en nuestra fuente, e intentar establecer sobre ello una lectura consistente en destacar una marcada escisión entre aquellos que resaltan la utilidad, y que proceden del discurso oficial, el que se sostiene desde la obra pública, pero que de todos modos no desdeña de la figura del puente como fuente de atracción, y aquellos que destacan su lugar como símbolo, lo que se legitima o busca legitimarse en los recuerdos, las emociones, y en la conformación de lo identitario.

Los argumentos que revestían de utilidad al puente implicaban cuestiones variadas pero que no abandonaban una misma lógica, desde la importancia de que Santa Fe no quedara marginada del corredor bioceánico, asegurando así su inserción en el Mercosur, como la posibilidad de abrir nuevas fuentes de trabajo, así como mejorar la calidad del agua con la restitución de la toma de agua del Colastiné, hasta repercusiones en el turismo de la zona. Está claro que la búsqueda por fortalecer el valor económico del puente fue lo que finalmente dio paso a su reinauguración en el 2001 .

Hasta ahora, lo que hemos pretendido reflejar es cómo nuestra fuente, el diario, expresa, a pesar de sus limitaciones propias y de las cuáles somos conscientes, la discusión pública sobre un objeto, para nuestro caso, este objeto es una construcción fruto de la ingeniería y la arquitectura, pero sobre el que se monta un pensamiento colectivo, que contribuye en darle forma, y que por momentos desborda lo físico.

Nuestra síntesis de la discusión, es sólo una muestra de una manera de problematizar sobre lo colectivo, siendo esto último, en nuestro trabajo, lo que supera, y se dispara de todas las consideraciones acerca de la estructura material.

Las diferentes opiniones sobre la reconstrucción del puente y las actitudes y hechos que se generaron nos permite una vez más ver el entramado que se verifica entre lo físico y lo social; es decir, en este caso, apreciar cómo la estructura metálica, y en un sentido más amplio un espacio físico, es atravesado por la vida social, generando un nuevo espacio el de las construcciones imaginarias donde objetos y sujetos se confunden.

Documentación consultada : Anales del diario “El Litoral” Años 1983, 1985 y 1989

Bibliografía

ANGENOT M.y ROBIN, F; “Pensar el discurso social”. UNR, Rosario, 1992.

LANGLOIS, JACQUES: Los elementos estructurales inmateriales-reales del poder político: imaginario social, registro simbólico y orden simbólico, en “Materiales para el estudio de América Latina”, udishal, Colección del Nuevo Siglo, Serie Electrónica, Volumen 0/2, Buenos Aires, 2003.

MALACHEVSKY, J.; “Sobre los impactos discursivos en la subjetividad”. Apunte de uso interno en la Cátedra “Psicología”, FHUC, Santa Fe, 2000

MOSCOVICI, Serge; “Manual de Psicología social”. Ed Paidós, Barcelona, 1985.

Consultas en internet
www.el litoral.com, Reconstrucción del Puente Colgante. Producción periodística: Luis Rodrigo - Diario El Litoral

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